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Relación abierta: preguntas antes de decidirlo en pareja

Una relación abierta suele significar que se acuerdan contactos sexuales fuera de una relación de pareja ya existente. Esto la distingue de los contactos secretos que incumplen los acuerdos compartidos. El significado concreto puede variar; la guía de términos de Moors, Ramos y Schechinger describe las relaciones abiertas como una forma de relación no monógama consensuada.

Antes de decidir si queréis tener una relación abierta, aclara primero qué entiende cada uno por ello. Hablad de deseos, límites, privacidad y posibles cambios en el día a día. No tienes que decir que sí enseguida ni encontrar una solución definitiva: aplazar la decisión o decir que no también pueden ser el resultado de una conversación sincera.

¿Qué significa «abierta» para vosotros?

El término puede significar cosas distintas. Quizá una persona piensa en tener citas y la otra en encuentros sexuales sin citas románticas. Puede que una quiera más autonomía, mientras que la otra quiera saber sobre todo qué cambiaría en la relación que comparten.

Por eso, no os preguntéis solo: «¿Queremos una relación abierta?», sino también: «¿Qué te imaginas concretamente?» y «¿Qué te gustaría que cambiara y qué debería seguir igual?». Puedes explicar lo que tienes en mente sin que eso sea ya una exigencia ni una decisión.

Preguntas que podéis plantearos antes de decidir

Deseos y motivos

Para empezar, piensa por tu cuenta qué te atrae de un posible cambio. ¿Tiene que ver con la curiosidad, con tener más espacio o con una idea concreta de la intimidad? ¿Qué esperas y qué te preocupa?

Preguntad también si una persona quiere dar su aprobación principalmente por miedo a perder a la otra. Por ejemplo, puedes decir: «Quiero entender qué deseas. Al mismo tiempo, quiero saber si sientes que puedes decir que no con libertad». Un sí por miedo no es una base sólida. Si vuestros deseos respecto a la relación no coinciden, habladlo abiertamente en lugar de forzar una respuesta afirmativa.

Límites y acuerdos

Hablad de situaciones concretas en vez de quedaros en reglas generales. Para empezar, pueden serviros estas preguntas:

  • ¿Te imaginas teniendo citas con otras personas?
  • ¿Qué tipos de intimidad prefieres dejar fuera por ahora?
  • ¿Qué te gustaría saber de antemano y qué detalles prefieres mantener en privado?
  • ¿Qué haréis si un acuerdo no está claro o deja de encajar?

No tenéis que responder a todas las preguntas de una vez. Un acuerdo provisional puede dejar por escrito lo que queréis o no queréis en este momento. Decidid cuándo volveréis a hablar del tema. Un acuerdo no es una obligación que impida a alguien cambiar de opinión.

Tiempo, privacidad y otras personas implicadas

Pensad en los posibles cambios en el día a día. ¿Cuánto tiempo juntos es importante para ti? ¿Cómo queréis organizar vuestras citas? ¿Qué información sobre vuestra relación queréis compartir con amistades u otras personas?

Las otras personas implicadas también tienen derecho a su propia privacidad. Por eso, hablad de qué información personal puedes compartir y qué prefieres mantener para ti. No tienes que contarlo todo solo porque estéis hablando de una relación abierta.

Inseguridad y cambios en los sentimientos

Preguntaos: «¿Cómo te darías cuenta de que necesitas hacer una pausa?» y «¿Cómo te gustaría decirlo si cambia alguno de tus límites?». Así dejáis espacio para que los sentimientos y los deseos cambien, sin dar a entender que esto vaya a evitar todas las dificultades.

Ejemplos de momentos difíciles en una conversación

Una persona se queda sorprendida

Podrías decir: «He estado pensando en tener una relación más abierta. Quiero explicarte qué me interesa de esa posibilidad, pero no espero que decidas nada hoy». Tu pareja podría responder: «Me ha sorprendido y todavía no sé qué quiero. Puedo escucharte, pero después necesitaré tiempo para pensarlo».

Después, no tenéis que aclarar todos los detalles enseguida. Podéis empezar por compartir qué ha entendido cada uno y qué preguntas siguen sin respuesta. Si quieres, acordad volver a hablar, sin fijar de antemano que el objetivo sea llegar a un sí.

Una persona tiene dudas

Si todavía no sabes qué quieres, puedes decir: «Hoy no puedo darte una respuesta. Primero quiero entender exactamente qué tienes en mente». O: «No quiero hablar de esto mientras estamos discutiendo. Sigamos en otro momento». Tener dudas no significa dar el consentimiento, pero tampoco obliga a poner fin a la conversación para siempre.

Una persona dice que no

Un no no tiene por qué convertirse en una negociación. Puedes preguntar si quiere hablar de sus motivos, pero no deberías presionarla para llegar a un acuerdo. Una posible frase sería: «Entiendo que no quieres. No quiero convencerte. ¿Te apetece contarme qué es importante para ti en esto?»

Si tu pareja dice que no, respeta ese límite. Después podéis hablar de si vuestros deseos distintos siguen teniendo cabida en la misma relación. Una conversación abierta no garantiza que encontréis un punto medio. También puede quedar claro que vuestros deseos son diferentes.

Ten en cuenta también a las nuevas personas implicadas

Una nueva persona que conozcas debería saber qué relación tienes y qué acuerdos existen. Así podrá decidir por sí misma si quiere participar. No prometas exclusividad si no puedes ofrecerla y no compartas sin más con tu pareja mensajes privados o detalles íntimos.

Por ejemplo, quizá queráis saber de antemano si hay una cita prevista. Eso no significa automáticamente que después vayáis a intercambiar capturas de pantalla de la conversación. Aclarad qué información hace falta para vuestro acuerdo y cuál forma parte de la privacidad de la otra persona.

Cuestiones prácticas antes de tener nuevos contactos

Si os planteáis tener contactos sexuales con otras personas, también conviene hablar de protección, pruebas y de cómo compartir información nueva. Puedes consultar qué medidas son adecuadas en vuestra situación con un servicio de asesoramiento sanitario apropiado. Un acuerdo general sobre la relación no sustituye esa consulta.

Anotad las principales preguntas pendientes y retomadlas en un momento adecuado. Mientras no hayáis acordado un cambio, iniciar una conversación no significa que el acuerdo haya cambiado.