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Poco deseo sexual en mujeres: entiende tus necesidades sin culparte

¿Tienes menos deseo sexual que antes o quieres tener relaciones con menos frecuencia que la otra persona? Ninguna de las dos cosas significa, de entrada, que haya algo que no vaya bien. El deseo sexual puede cambiar a lo largo de la vida. No hay una frecuencia determinada que debas alcanzar. Lo importante es si te sientes bien así o si tú echas algo en falta.

¿Qué ha cambiado exactamente?

«No me apetece» puede describir situaciones muy distintas: quizá ahora te interesa poco la sexualidad en general. Puede que simplemente te falte energía al final del día. O quizá quieras sentir cercanía, pero no te apetezca el tipo de sexo que tenéis hasta ahora. Estas diferencias pueden ser un buen punto de partida para hablarlo, sin que tengas que encontrar una explicación de inmediato.

Tener poco deseo y sentir dolor durante las relaciones sexuales son cuestiones distintas. Si el contacto te produce escozor o la penetración te duele, merece la pena consultarlo por separado. No tienes que intentar compensar las molestias mostrando más disposición.

¿Qué factores pueden influir?

El estrés, el cansancio, los conflictos, el embarazo, el posparto y la menopausia pueden influir. Las enfermedades y los medicamentos también pueden afectar al deseo. Por eso, a menudo conviene tener en cuenta distintos aspectos de la vida, en lugar de responsabilizar únicamente a la relación o a las hormonas.

Por ejemplo: desde una etapa laboralmente exigente, por las noches lo que más te apetece es descansar. Eso todavía no demuestra cuál es la causa, pero sí permite describir qué ha cambiado. La situación es distinta si tener poco interés forma parte de ti desde hace mucho tiempo y lo que más te pesa son las expectativas de otras personas.

¿Qué quieres tú?

Imagina por un momento que no tienes que compararte ni reprocharte nada. ¿Te gustaría volver a tener más deseo, probar algo diferente o que simplemente se respetasen tus límites actuales? Las respuestas pueden ser distintas.

  • Echas algo en falta: Explica de la forma más concreta posible qué necesitas, por ejemplo, curiosidad, caricias agradables o pasar tiempo juntos.
  • Lo que más te pesa es la presión: «Quiero que se respete mi no, sin tener que justificarme cada vez».
  • Quieres sentir cercanía sin tener relaciones sexuales: Di qué tipo de contacto te apetece y deja claro que no tiene por qué llevar a nada más.

Cuándo puede ser útil buscar apoyo

Si te preocupa este cambio, puedes comentarlo en una consulta de ginecología o de medicina de familia. No necesitas esperar un tiempo mínimo ni alcanzar un número determinado de encuentros sexuales que no hayan ocurrido. Menciona cualquier otro síntoma y los medicamentos que tomas. Si sospechas que puede tratarse de un efecto secundario, podéis valorar juntos qué opciones hay.

Si lo que más influye son los diferentes deseos o los conflictos, puede ser útil acudir a asesoramiento de pareja o sexual. El objetivo debe responder a tus necesidades, no a alcanzar una frecuencia determinada.