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Entender el vaginismo y encontrar la ayuda adecuada

El vaginismo es una tensión involuntaria de los músculos del suelo pélvico que rodean la vagina al anticipar o intentar la penetración. Puede causar dolor o hacer que la penetración resulte imposible. La reacción no es intencionada y no se soluciona diciéndote «relájate y ya está». Hay opciones de tratamiento.

Cómo puede manifestarse el vaginismo

Algunas personas notan escozor o un dolor punzante; otras, sobre todo, una sensación repentina de bloqueo. Puede ocurrir durante el sexo vaginal, al usar un tampón o durante una exploración con instrumental. A veces una situación no causa molestias y otra sí. El vaginismo también puede aparecer después de haber podido experimentar penetraciones sin dolor.

La tensión no significa automáticamente que no sientas deseo. Es posible que sigas sintiendo excitación y disfrutando de otras formas de contacto. También puedes hacer una pausa en la intimidad si es lo que quieres.

Por qué ayuda valorar bien la situación

Las causas no siempre están claras. El dolor y el miedo a que vuelva a doler pueden intensificarse mutuamente. Puede haber molestias físicas, experiencias difíciles o ansiedad; pero no se debe deducir sin más que haya habido un trauma.

Otras causas también pueden provocar molestias parecidas, por ejemplo, la sequedad, una infección o una irritación de la piel. Una conversación y, si procede, una exploración cuidadosa pueden ayudar a distinguir entre estas posibilidades. Explica desde cuándo te ocurre y si hay situaciones en las que no tienes molestias.

Qué tipo de ayuda puedes recibir

Enfoque En qué puede consistir
Fisioterapia especializada del suelo pélvico Tomar conciencia de la tensión muscular y aprender a relajar los músculos de forma específica.
Acompañamiento psicosexual o psicoterapia Abordar las preocupaciones, el miedo al dolor y cómo afecta la situación a tu experiencia personal.
Trabajo guiado con dilatadores vaginales Familiarizarte poco a poco con la penetración, a tu propio ritmo.

La elección de los distintos elementos del tratamiento depende de cada persona. Los dilatadores no son una prueba que tengas que superar, y usar uno de mayor tamaño no es un objetivo en sí mismo. Empieza estos ejercicios con orientación profesional, en lugar de seguir adelante pese al dolor. También puedes contar con tu pareja, si así lo deseas.

Cómo prepararte para la primera cita

No tienes que dar una explicación completa al pedir cita. Para empezar, basta con decir algo como: «La penetración me resulta dolorosa; primero quiero hablar sobre cómo podría hacerse una exploración». Pide que acordéis de antemano cómo será el proceso y qué señal usarás para parar. Una persona de confianza puede acompañarte y apoyarte.

También puedes explicar qué te importa más al principio: quizá poder usar un tampón, afrontar una exploración o sentir menos miedo al contacto. El tratamiento debería adaptarse a tus objetivos, no a las expectativas de otras personas.