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Acurrucarse y poner límites: acordar la cercanía sin dar nada por hecho

Acurrucarse puede ser una forma de estar cerca cuando a ti y a la otra persona os apetece. Pero no hay que darlo por hecho ni significa que vaya a haber más contacto físico. Si te apetece estar cerca, haz una propuesta lo más concreta posible. Si no te apetece, puedes decirlo brevemente, sin tener que justificarte.

Acurrucarse no significa lo mismo para todo el mundo

Para algunas personas, acurrucarse significa darse un abrazo breve; para otras, estar muy juntas o simplemente sentarse en el sofá. Por eso, en vez de preguntar solo si alguien quiere «acurrucarse», piensa también qué tipo de cercanía tienes en mente. Aceptar un abrazo no significa aceptar otros tipos de contacto. Y decir que sí en un momento dado no implica que la respuesta vaya a ser la misma más tarde.

Aunque os conozcáis bien, lo que os apetece puede cambiar de un día para otro. El cansancio, el calor, el estado de ánimo o las ganas de tener algo de espacio pueden influir. No tienes que justificar un no ni mantener un sí que diste antes.

La cercanía en distintas situaciones

  • Al saludaros: En vez de dar por hecho que habrá un abrazo, puedes preguntar: «¿Te apetece un abrazo?». Si abres los brazos y no tienes claro si la otra persona quiere corresponderte, pregúntale en lugar de intentar adivinar su respuesta.
  • Al descansar juntos: Si quieres sentarte junto a alguien en el sofá, deja primero algo de espacio. Puedes preguntar: «¿Quieres que me acerque o estás bien así?». Espera a que te responda, en vez de dejar que la otra persona tenga que frenar un contacto que ya has iniciado.
  • Si una persona quiere estar cerca y la otra no: Podrías decir: «Ahora me apetece un abrazo. Si a ti no, no pasa nada». La otra persona puede decir que no sin tener que proponer una alternativa enseguida. Quizá os apetezca hablar, ver algo juntos o descansar cada uno por su lado.
  • Si cambias de opinión mientras tanto: Puedes cambiar de opinión. «Prefiero parar ahora» o «¿Puedes apartarte un poco?» es suficiente. Haber dicho que sí antes no te obliga a continuar.

Si os apetece, acordar una duración puede servir como una orientación flexible. No es una obligación: puedes parar, cambiar de postura o hacer una pausa en cualquier momento. Del mismo modo, si rechazas una propuesta, no deberían convertirla en una negociación preguntándotelo una y otra vez.

Proponer, rechazar y cambiar de opinión

Una buena propuesta deja espacio para elegir de verdad. Por ejemplo: «Me gustaría darte un abrazo un momento. ¿Te apetece?». No es lo mismo que decir «Ven aquí, que te hace falta», porque esa frase ya presupone la respuesta.

Si no te apetece que te toquen, puedes decirlo de forma clara y amable: «Hoy no me apetece acurrucarme». Si quieres, puedes añadir: «Pero me apetece quedarme un rato contigo». Es una propuesta, no una obligación. Si en ese momento no se te ocurre nada que podáis hacer juntos, no tienes que inventártelo.

Ante un no, basta con responder: «Vale, gracias por decírmelo». Frases como «¿Solo un momento?» o «Pero antes sí querías» presionan a la otra persona. Si quieres saber qué le pasa, puedes preguntarle más tarde si le apetece hablarlo. No tiene por qué explicártelo.

Cuando vuestros deseos no coinciden a menudo

Al volver del trabajo, te apetece un abrazo; la otra persona prefiere llegar a casa con calma. Podéis resolverlo sin dar más importancia de la necesaria a que queráis cosas distintas: «Me haría ilusión un abrazo». – «Hoy prefiero que no. Necesito un rato para mí». – «De acuerdo. Voy a prepararme algo de beber; avísame si te apetece compañía». Que luego haya un abrazo o no queda por decidir.

Si queréis hablar de estas situaciones, puede ser más fácil hacerlo en un momento tranquilo que justo al despediros o antes de dormir. Por ejemplo: «¿Qué tipo de cercanía te gusta más? ¿Y cuándo prefieres que te pregunte?». Hablad de vuestros propios deseos, en lugar de responder por la otra persona. Esa conversación tampoco determina lo que querréis en cada ocasión futura.

Si no respetan tus negativas una y otra vez o sientes presión, la solución no consiste únicamente en encontrar una frase mejor. Puedes expresar tu límite con claridad y, si quieres, hablarlo con alguien de confianza. Un momento puntual de torpeza no es lo mismo que insistir repetidamente; lo importante es si respetan tu no.

Si echas de menos la cercanía a largo plazo

Respetar un no no significa que tu deseo de estar cerca no importe. Más adelante puedes decir: «Echo de menos el cariño físico entre nosotros. Me gustaría que viéramos si hay algo que nos guste a los dos». Así planteas una cuestión sobre vuestra relación sin insistir en que la otra persona acepte el abrazo que acaba de rechazar.

Quizá os guste más apoyaros un momento que estar muy juntos. Puede que una persona prefiera tener espacio antes de dormir, pero disfrute de un abrazo al saludar. Podéis proponer este tipo de ideas; no son un programa obligatorio y no tienen por qué repetirse igual cada semana.

También puede que vuestros deseos sean muy distintos. En ese caso, podéis hablar con sinceridad de lo que es importante para cada uno en una relación. La solución no consiste en que una persona aguante el contacto físico indefinidamente mientras la otra no puede ni mencionar lo que desea.

Una propuesta sencilla para hoy

Prueba con algo concreto: «Me gustaría tumbarme a tu lado y seguir viendo la película. ¿Te apetece?». Si la respuesta es no, no tienes que convertirlo enseguida en una conversación sobre toda la relación. Si la respuesta es sí, podéis dejarlo simplemente en eso.