Delusionship: cuando esperas más de lo que hay entre vosotros
Delusionship es un término informal relacionado con las citas que se refiere a una relación que existe sobre todo en la imaginación, o a una visión poco realista de una conexión existente. Así se utiliza también en una propuesta de palabra en Collins. Aquí se emplea como una descripción exagerada, no como un diagnóstico. Una cita estupenda puede darte esperanzas sin que eso signifique que los dos esperéis lo mismo el uno del otro.
Para entender mejor tu situación, puede ayudarte distinguir entre estas preguntas: ¿Qué ha pasado realmente? ¿Qué interpretas a partir de ello? ¿Qué deseas? ¿Y qué habéis acordado expresamente? Tus esperanzas pueden ser importantes. Pero no son automáticamente un acuerdo entre los dos.
¿Qué ha pasado y qué deseas?
Una cita, los mensajes frecuentes o un momento cariñoso pueden significar algo. Pero, por sí solos, no determinan si estáis saliendo en exclusiva, tenéis una relación o imagináis el mismo futuro. Dos personas pueden interpretar de forma distinta un mismo encuentro; no se puede saber con certeza qué pretende la otra persona a partir de una única señal.
Puedes ordenar lo ocurrido en cuatro partes:
- Hecho: ¿Qué describirías incluso sin saber qué podría significar? Por ejemplo: «Hemos quedado tres veces».
- Interpretación: ¿Qué explicación le das? Por ejemplo: «Quizá ya somos pareja».
- Deseo: ¿Qué te gustaría? Por ejemplo: «Me gustaría saber si queremos salir en exclusiva».
- Acuerdo: ¿Qué habéis acordado realmente? Si no lo habéis hablado, por ahora la respuesta está abierta.
Esta forma de ordenar las cosas no hace que tus sentimientos sean menos reales. Solo te ayuda a no confundirlos con una promesa que nadie ha hecho.
Cuando una conversación agradable parece un plan
Imagina que habláis de un lugar que te gustaría visitar en verano. Te hace ilusión que la otra persona diga que parece un sitio estupendo. Pero eso no significa que hayáis acordado viajar juntos. Quizá fue una idea espontánea o quizá hablaba en serio. Podrías preguntar: «Me gustó nuestra conversación sobre el verano. ¿Lo decías como un plan concreto o era solo una idea por ahora?»
Lo mismo ocurre con las grandes palabras sobre el futuro. «Algún día podríamos viajar juntos» no es lo mismo que un viaje que habéis planeado entre los dos. Si para ti es importante saber la diferencia, puedes preguntar en lugar de convertir una indirecta en una certeza.
Preguntas claras que no presuponen la respuesta
Una buena pregunta expresa lo que quieres saber, pero deja espacio para una respuesta sincera. No tienes que aparentar que te lo tomas todo con mucha calma ni saber ya exactamente qué quieres que pase.
- Si quieres aclarar si salís en exclusiva: «Me gusta pasar tiempo contigo. ¿Ahora mismo también estás conociendo a otras personas o te gustaría centrarte en nosotros?»
- Si quieres una relación más seria: «Me estoy dando cuenta de que me gustaría tener una relación estable. ¿Qué te parece a ti?»
- Si todavía no tienes claro qué quieres: «Me gusta quedar contigo, pero aún no sé qué etiqueta me encaja. ¿Qué te apetece a ti ahora mismo?»
- Si quieres entender un gesto concreto: «Cuando dijiste eso, me pregunté si te referías a hacer un plan. ¿Qué querías decir?»
Un mensaje puede ser adecuado para una pregunta sencilla. Si necesitas una conversación más larga, también puedes decirlo: «Es un tema importante para mí. ¿Podemos hablarlo con calma la próxima vez que nos veamos?»
Qué hacer si la respuesta no es clara o es distinta de la que esperabas
Quizá la otra persona necesite tiempo para pensarlo. En ese caso, puedes preguntarle si podéis retomar la conversación más adelante. También puedes plantearte cuánto tiempo puedes convivir con una respuesta abierta. Pedir volver a hablar no garantiza que la otra persona acepte hacerlo.
Quizá queréis cosas distintas. Podrías expresar un límite con estas palabras: «Busco una relación estable. Si ahora mismo tú no quieres eso, lo respeto, pero dejaré de quedar contigo». Es una decisión sobre tu propio comportamiento, no una exigencia de que la otra persona responda de una manera concreta.
Y quizá la respuesta siga sin estar clara. No tienes por qué llenar ese vacío con la interpretación más esperanzadora. Puedes volver a hacer la pregunta, dejar tus expectativas abiertas por ahora o decidir que esa situación no te sienta bien. Ninguna de esas opciones significa que tus sentimientos estén mal.
No tienes que analizar cada gesto bonito
Si a los dos os gusta veros, podéis disfrutarlo. No hace falta explicar cada beso ni demostrar que cada palabra amable es sincera. Preguntar puede ser especialmente útil cuando una decisión depende de la respuesta: ¿Quieres cancelar otras citas? ¿Te planteas gastar dinero para quedar? ¿Te gustaría tener una relación estable?
En ese caso, una pregunta concreta ayuda más que discutir sobre la palabra Delusionship. «Antes de reservarme el fin de semana para nosotros: ¿de verdad quieres venir?» aclara algo distinto de «¿Qué somos?». Elige la pregunta cuya respuesta necesitas ahora.
Puedes sentir decepción si vuestras expectativas son distintas. Eso no significa que tus sentimientos fueran ridículos ni que la otra persona te deba una relación. Lo que esperabas puede haber sido real e importante para ti, aunque no acabéis construyendo un futuro juntos.