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Diferencias en el deseo sexual: cómo hablarlo sin culparos

Tener distintos niveles de deseo no demuestra que falte amor

Si os apetece tener relaciones sexuales con distinta frecuencia o intensidad, podéis hablarlo sin señalar a una persona como la causa del problema. Puedes expresar que te gustaría tener más intimidad sexual. Al mismo tiempo, nadie tiene que aceptar tener relaciones para tranquilizarte o evitar una discusión. La conversación debería ayudaros a entender qué quiere cada persona y qué tipo de intimidad apetece en este momento, no a fijar una frecuencia concreta.

Por sí solas, las diferencias en el deseo no indican cuánto amor aporta cada persona a la relación ni lo que vale. El consentimiento es necesario por parte de ambas personas y puede cambiar. No hace falta justificar un no de una forma que convenza a la otra persona.

Antes de hablar: aclara qué quieres, cuál es tu límite y cuándo hablar

Procura sacar el tema en un momento tranquilo, no justo cuando te apetezca tener relaciones sexuales o cuando la otra persona acaba de decir que no. Así, la conversación puede centrarse primero en entenderos, en vez de exigir una decisión inmediata.

Antes de hablar, aclara tres cosas: ¿qué te gustaría? ¿Qué no quieres o no quieres todavía? ¿Y qué no debería darse por hecho después de la conversación? Por ejemplo, podéis hablar de sexo sin que eso signifique que después vayáis a tener relaciones.

Una forma de empezar podría ser: «Me gustaría hablar de cómo podemos gestionar que tengamos deseos distintos. No tienes que comprometerte a nada hoy; primero quiero entender cómo te sientes».

Qué podéis decir cada uno

Si te apetece tener relaciones con más frecuencia, puedes expresar lo que quieres sin convertirlo en una exigencia: «A veces echo de menos la intimidad sexual. Es lo que siento y me gustaría saber cómo lo vives tú». Evita frases que presenten un rechazo como una falta de amor o como prueba de que ya no hay atracción.

Si te apetece tener relaciones con menos frecuencia o no quieres ahora, puedes marcar un límite con claridad sin sentirte en la obligación de dar explicaciones: «Ahora no quiero tener relaciones. Si ya lo sé, puedo decirte qué otro tipo de intimidad me resultaría agradable hoy». También puedes decir que aún no tienes una respuesta o que prefieres seguir hablando más tarde.

Pueden servirte preguntas como estas:

  • «¿Qué significa para ti estar cerca cuando no te apetece tener relaciones?»
  • «¿Hay situaciones en las que te sientes más a gusto con las caricias? No tienes que explicar por qué».
  • «¿Cómo sabríamos los dos que un abrazo no se interpreta automáticamente como una invitación a algo más?»
  • «¿Qué plan podríamos disfrutar juntos, aunque no acabe en relaciones sexuales?»

Escucha la respuesta antes de rebatirla o proponer una solución. Puedes resumirla brevemente: «Entiendo que quieres sentir cercanía, pero no quieres que eso genere la expectativa de tener relaciones. ¿Te he entendido bien?». Escuchar no significa prometer que vas a satisfacer un deseo.

Intimidad sin un objetivo predeterminado

Podéis disfrutar de una actividad juntos sin que sea una invitación encubierta a tener relaciones. Elegid solo algo que os apetezca a ambos y respetad el límite acordado. Si habéis dicho expresamente que solo queréis acurrucaros, eso no es una invitación a intentar ir más allá. Por ejemplo:

  • Si tenéis poco tiempo, podéis contaros brevemente cómo os ha ido el día. El contacto físico es opcional.
  • Si una persona está agotada, podéis sentaros juntos, leer o ver un episodio de una serie. También podéis preferir relajaros cada uno por su cuenta.
  • Si ambos queréis daros cariño, podéis acordar antes qué tipo de contacto os resulta agradable y qué límite queréis respetar hoy.
  • Si una persona tiene dudas, podéis dejar las relaciones para otro momento y elegir otra cosa, si os apetece a ambos. Eso no significa comprometerse a hacerlo más adelante.

Un no o un cambio de opinión no debería dar lugar a insistencias, castigos ni a volver a negociar. Si una persona deja de sentirse a gusto con una actividad, parad. Solo podéis pasar a otra actividad si los dos volvéis a quererlo.

Un ejemplo de conversación para aclarar las cosas

Un ejemplo ficticio: a Lea le apetece tener relaciones sexuales más a menudo que a Sam. Una tarde tranquila, Lea dice: «A veces echo de menos la intimidad sexual. Me gustaría saber cómo lo vives tú y no quiero insistir». Sam responde que a veces le apetecen las caricias, pero no quiere que un abrazo se interprete como el inicio de una relación sexual. Lea y Sam acuerdan que la próxima vez que pasen una velada juntos podrán decir qué tipo de intimidad les apetece. Ambos pueden cambiar de opinión. No acuerdan una frecuencia concreta ni un resultado determinado.

Si la conversación se atasca

Si os ponéis a la defensiva o os irritáis, hacer una pausa puede ayudar: «Me doy cuenta de que ahora no puedo escuchar bien. ¿Seguimos hablando mañana?». Acordad un momento solo si a ambos os parece bien. Una pausa no es un castigo ni una promesa de tener relaciones.

Si volvéis una y otra vez a la misma discusión o no conseguís tratar el tema con respeto por vuestra cuenta, acudir a terapia de pareja o sexología en vuestra zona puede ser una opción. Como referencia, la oficina de asesoramiento de pro familia en Kassel (Alemania) menciona el deseo y la falta de deseo entre los temas que trata en su asesoramiento sexual. Los servicios varían según el centro; infórmate directamente sobre lo que ofrecen en tu zona. Acudir a terapia no te obliga a tener relaciones ni a seguir en la relación.

Si tienes miedo de la reacción de tu pareja, no tienes que forzar una conversación conjunta. Puedes ponerte primero en contacto con un servicio de asesoramiento por tu cuenta para hablar tranquilamente de qué te haría sentir a salvo.

¿Y si seguís teniendo distintos niveles de deseo después de hablarlo?

Eso no significa necesariamente que la conversación no haya servido. Puede que hayáis entendido mejor qué quiere cada persona, aunque vuestros deseos no coincidan. Preguntaos qué opciones compartidas os encajan de verdad y cuáles se proponen solo para poner fin a un conflicto.

Por ejemplo, si una persona quiere pasar más tiempo juntos, podéis planear una velada. Eso no equivale a comprometerse a tener relaciones esa noche. Buscar un punto medio entre dos frecuencias deseadas no es una solución justa si implica que una persona tenga que traspasar sus propios límites.

También puedes decir sinceramente que te afecta que la diferencia se mantenga. Eso no te da derecho al cuerpo de la otra persona. Pero sí puede ser un motivo para hablar, con apoyo si lo necesitáis, de cómo queréis que sea vuestra relación y de si esa forma de relacionaros os encaja a ambos.